Fósil de serpiente de 80 millones de años revela una vida bajo tierra que su par argentina no tenía
Un fósil de serpiente hallado en São Paulo revela una vida bajo tierra que no tenía la argentina Dinilysia. Un investigador del CONICET es coautor.
Un fósil de serpiente hallado en São Paulo revela una vida bajo tierra que no tenía la argentina Dinilysia. Un investigador del CONICET es coautor.
Un fósil de serpiente de unos 42 centímetros, que vivió hace 80 millones de años en el actual estado de São Paulo (Brasil), muestra en el cráneo, el cerebro y el oído interno las marcas de una vida bajo tierra. La especie se llama Tametara mirim y fue descripta en la revista científica Nature. El estudio la compara con Dinilysia patagonica, una serpiente argentina de la misma época, que resultó no ser excavadora. Entre los 11 autores figura Agustín G. Martinelli, investigador del CONICET.
Cómo era el fósil de serpiente de São Paulo
William Nava y Giovanna Paixão, del Museo de Paleontología de Marília, descubrieron el ejemplar en 2020. Estaba en una cantera de la región de Presidente Prudente, en el extremo oeste de São Paulo. La roca pertenece a la Formación Adamantina, del Grupo Bauru, y tiene entre 85 y 75 millones de años. Según los autores, es el primer fósil articulado de serpiente hallado en Brasil: los huesos siguen conectados como al morir el animal.
El ejemplar, catalogado como MPM 420, es el único conocido de la especie. Su cráneo preservado mide 17,8 milímetros. El nombre lo describe: Tametara significa «adornada», por la cresta marcada en la parte superior del cráneo, y mirim, de origen tupí-guaraní, alude a su tamaño pequeño. Cabe señalar que no se sabe si tenía patas traseras, porque no se preservó la zona cercana a la cloaca.

Qué revelan el cerebro y el oído interno
Para estudiar el fósil de serpiente sin dañarlo, el equipo usó microtomografía computarizada. El escaneo se hizo en el Laboratorio de Caracterización Tecnológica de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (USP). Después, Gabriela Sobral separó digitalmente cada estructura y armó un modelo en tres dimensiones. «A partir de las tomografías, realizamos las segmentaciones de las estructuras que nos interesan», explicó Sobral, investigadora asociada del Museo de Historia Natural de Stuttgart (Alemania) y de la Universidad de Brasilia.
Los huesos del techo del cráneo eran densos y estaban muy superpuestos, un patrón que distingue a los animales excavadores. Además, el oído interno tenía un vestíbulo grande y redondeado y canales semicirculares delgados. «Los canales semicirculares reducidos indican que la percepción de la posición espacial del cuerpo no es tan importante para el animal, lo que tiene sentido cuando se vive bajo tierra», señaló Sobral. Por otro lado, el techo óptico, ligado a la visión, estaba más atrofiado que en la mayoría de las serpientes y lagartos excavadores estudiados.
El fósil de serpiente frente a Dinilysia patagonica
Para medir cuán rara era esa anatomía, los investigadores aplicaron el mismo análisis a Dinilysia patagonica. Es una serpiente argentina del Cretácico Superior, de las formaciones Bajo de la Carpa y Anacleto, en Neuquén y Río Negro. Según el paper, Tametara y Dinilysia son las únicas serpientes troncales con caja craneana bien preservada y tomografías públicas. Las troncales son linajes extinguidos que quedan fuera del grupo de las serpientes actuales, aunque cercanos a él.
En este sentido, la forma del cerebro y la microestructura de los huesos ubican a Tametara entre las excavadoras y a Dinilysia afuera. Para la especie argentina, el estudio respalda un modo de vida no excavador, compatible con los hábitos terrestres o semiacuáticos propuestos antes. «Presentaban una amplia diversidad neuroanatómica y, probablemente, sensorial al comienzo de su historia evolutiva», afirmó Tiago Simões, primer autor y profesor del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de Princeton.
El aporte argentino al estudio
Martinelli trabaja en la Sección Paleontología de Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia», en Buenos Aires. Según el paper, hizo el trabajo de campo y la preparación del ejemplar junto con William Nava y Luis Chiappe. Su parte contó con financiamiento del CONICET.
Además, el trabajo compara el cráneo de Tametara con dos ejemplares de Dinilysia de colecciones argentinas: uno del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN-Pv RN1013) y el holotipo de la especie, del Museo de La Plata (MLP 26-410). Hay otro nombre argentino en juego: los análisis ubican a Tametara entre las serpientes más tempranas, junto a Najash rionegrina. De los menos de diez fósiles articulados de serpientes del Mesozoico, solo tres estaban preservados en tres dimensiones: Dinilysia y Najash, de Argentina, y Sanajeh indicus, de India.
Qué cambia sobre el origen de las serpientes
El estudio no resuelve si las serpientes surgieron en el mar, bajo tierra o en la superficie. Sí muestra que ya en el Cretácico había serpientes tempranas excavadoras y otras que no lo eran. Por lo tanto, según los autores, ninguna especie troncal conocida representa por sí sola al ancestro de las serpientes actuales. «Para comprender mejor el origen del grupo, necesitamos descubrir fósiles con un alto grado de preservación, como la Tametara, de edades más antiguas, especialmente del período Jurásico», evaluó Simões.
El estudio lo lideraron Simões, Nicolas Di-Poï, de la Universidad de Helsinki, y Annie Hsiou, de la USP, con apoyo de la FAPESP, la fundación de fomento a la investigación de São Paulo. El artículo, «Exceptional brain and ecological diversity in the earliest snakes», salió en línea el 22 de julio y en el número impreso del 3 de septiembre. Puede leerse en acceso abierto en Nature.
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