Centro de Medicina Comparada: la ciencia pública de Santa Fe que eligen más de 150 empresas
El Centro de Medicina Comparada de la UNL y el Conicet, en Esperanza, Santa Fe, da servicios a más de 150 empresas y 80 grupos de investigación.
El Centro de Medicina Comparada de la UNL y el Conicet, en Esperanza, Santa Fe, da servicios a más de 150 empresas y 80 grupos de investigación.
En la ciudad de Esperanza, dentro del predio de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCV-UNL), funciona una plataforma biotecnológica con alcance internacional. Es el Centro de Medicina Comparada (CMC) del Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral (ICIVet), que depende de la UNL y del Conicet. Allí, un equipo multidisciplinario lleva adelante ensayos preclínicos de alta complejidad.
Ese trabajo de validación científica permite transformar investigaciones prometedoras en medicamentos y vacunas seguras, para la salud humana y animal. Así lo detalló la UNL en una nota institucional publicada el 20 de octubre. Además, el centro santafesino atiende a pymes, startups y multinacionales, y hace control de calidad para grandes laboratorios que exportan a decenas de países.
Qué hace el Centro de Medicina Comparada
El centro suma 29 años de trayectoria en investigación aplicada y transferencia tecnológica, y va camino a cumplir 30. Su director, el doctor Hugo Ortega, explicó por qué lo buscan las empresas.
«Si nos eligen no es por falta de alternativas, sino porque somos una de las pocas plataformas integrales del país capaces de acompañar desde ensayos básicos de laboratorio hasta dossiers regulatorios de alta complejidad», sostuvo Ortega. Y agregó: «Aportamos un know-how de más de 25 años en exigencias de mercado que muy pocas instituciones poseen».

Un sello único en la ciencia pública argentina
Según la UNL, ahí está el valor diferencial del Centro de Medicina Comparada. Es el único centro integrado al sistema científico-tecnológico público argentino que reúne la certificación ISO 9001 y la declaración de conformidad con las Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL-OCDE). También tiene la inscripción en RENACLAB y las habilitaciones de ANMAT y SENASA.
«Las certificaciones les permiten a las empresas que sus desarrollos sean reconocidos tanto por agencias regulatorias locales como internacionales. Esto evita duplicar ensayos cuando buscan ingresar a otros mercados», destacó Ortega.
En este sentido, el estándar BPL-OCDE pesa en los estudios no clínicos de seguridad. Gracias al sistema de Aceptación Mutua de Datos (MAD), los ensayos realizados en Esperanza son reconocidos automáticamente en los países miembros o adherentes a la OCDE.
Por su parte, Natalia Salvetti, coordinadora del Centro y responsable del área de Gestión de la Calidad, puso el foco en la trazabilidad. «Para una pyme o una multinacional, esto representa un respaldo científico y regulatorio concreto: contar con estudios documentados, datos trazables y procedimientos que permiten reconstruir cómo se obtuvo cada resultado», enfatizó.
El Centro de Medicina Comparada en números
El registro del CMC muestra una red activa de más de 150 empresas y 80 grupos de investigación. Están distribuidos en 14 provincias argentinas, CABA y 13 países con provisión directa. Además, los productos evaluados se comercializan en más de 65 países. Estos son otros de sus números:
- Más de 3.600 protocolos ejecutados en su historia, con un promedio de 500 por año.
- 35 servicios tecnológicos de alta complejidad en vigencia.
- 1.150 metros cuadrados cubiertos: 700 de unidad preclínica y 450 de laboratorios de apoyo.
- Más de 70 profesionales e investigadores.
- Más de 250 publicaciones científicas en revistas internacionales y más de 60 tesis de grado y posgrado.
- Más de 30 convenios de I+D firmados.
Becas pagadas con servicios a empresas
El modelo del Centro de Medicina Comparada es circular. Los ingresos por servicios a terceros se reinvierten, principalmente, en equipamiento, infraestructura, proyectos de investigación y becas estudiantiles. «En tiempos de crisis, estos fondos sostienen la investigación y la formación de recursos humanos», explicó Ortega.
Cabe señalar que el centro no compite por precio. «Nuestra oferta no es más económica que la competencia en el sector privado; contamos con un valor agregado basado en el know-how universitario», señaló el director. Sin embargo, cuando las startups contribuyen a formar a su personal, publicando en conjunto o generando metodologías reutilizables, «reducimos los costos significativamente», aclaró.
Por otro lado, el crecimiento llegó con convocatorias universitarias (CATT-UNL), provinciales (ASECTeI Santa Fe) y nacionales (FONTAR, FONARSEC, MINCyT). «Fue un desafío enorme porque no había antecedentes y el know-how no se transfiere fácilmente en este sector», señaló Ortega.
Retorno social de la ciencia santafesina
Con esos fondos, el CMC financia un programa propio de becas y prácticas profesionales rentadas para estudiantes de Medicina Veterinaria de la UNL. Estudiantes que ingresaron como becarios completaron sus tesis y doctorados en el centro. Hoy se desempeñan como investigadores del Conicet o directores científicos en empresas biotecnológicas.
«En el caso de los estudiantes de grado, les otorgamos becas completas que les permiten finalizar sus carreras mientras realizan sus primeras prácticas profesionales. Ver esa evolución es el verdadero retorno social de la ciencia pública», explicó Ortega.
Salvetti cerró con una reflexión: «Saber que desde el sistema público contribuimos a responder a necesidades de salud es nuestra mayor motivación». Y completó: «Detrás de cada desarrollo hay años de formación y trabajo colectivo que necesitan continuidad para traducirse en beneficios para toda la sociedad».
La información completa está disponible en el sitio de noticias de la UNL.
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