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Ciencia

Cultivan piel humana en laboratorio para reemplazar el testeo en animales: cómo funciona

Es un tejido creado a partir de células humanas reales que reproduce la estructura y la función de barrera de la epidermis. Sirve para medir irritación, corrosión y absorción de cosméticos, agroquímicos, juguetes y medicamentos. Se produce en Lyon, Shanghái y Río de Janeiro, el único laboratorio de este tipo en Latinoamérica.

Redacción MonoLito septiembre 9, 2026 4 min de lectura
CienciaCIENCIA

Antes de que un producto de cuidado personal llegue a una góndola pasa por una serie de pruebas de seguridad. Durante décadas, buena parte de esos ensayos se hicieron sobre animales, y esa es una de las mayores críticas que arrastra la industria cosmética.

El debate ya se tradujo en leyes. Brasil prohibió esas prácticas en 2025. En Argentina todavía no existe una restricción nacional, pero crecen los proyectos legislativos y el reclamo a la ANMAT para que valide formalmente otros métodos de prueba.

Mientras tanto, la alternativa existe hace décadas y ya se usa todos los días: piel humana cultivada en laboratorio.

Qué es Episkin

Episkin es un área de L’Oréal Groupe dedicada a producir tejidos humanos reconstruidos para la comunidad científica, con el objetivo declarado de reemplazar, reducir o refinar el uso de animales en investigación.

El producto es un tejido biológico creado íntegramente en laboratorio a partir de células humanas reales, principalmente queratinocitos. La tecnología recrea una estructura tridimensional que imita la densidad, la elasticidad y la función de barrera de la epidermis humana. Eso permite que, al aplicarle un producto o una sustancia química, la muestra reaccione de la misma manera en que lo haría la piel de una persona.

Cómo se fabrica piel en un laboratorio

El proceso tiene cuatro etapas.

Las células. Todo arranca con células humanas reales, obtenidas de donaciones de tejidos provenientes de cirugías plásticas o reconstructivas, con el consentimiento correspondiente.

La multiplicación. Esas células se colocan en incubadoras, en un entorno controlado, y se alimentan con un medio de cultivo rico en nutrientes, proteínas y colágeno para que empiecen a dividirse y formen una matriz celular básica.

La exposición al aire. Acá está la clave del método. El cultivo se acomoda de manera que su superficie superior quede en contacto directo con el aire, mientras la base sigue en contacto con los nutrientes. Ante ese estímulo, las células se diferencian en capas y generan la capa externa, igual que ocurre en la piel real.

El ensayo. En un plazo de entre 10 y 21 días el tejido tridimensional está listo. Se divide en muestras pequeñas que se colocan en placas de ensayo, donde se aplican directamente los ingredientes o las fórmulas para medir irritación, corrosión, sensibilidad o absorción.

Una tecnología con casi cinco décadas

Las primeras investigaciones para cultivar células humanas en laboratorio empezaron en 1979. Durante la década siguiente se avanzó en el desarrollo de Episkin y, a partir de 1989, la compañía suspendió definitivamente los testeos en animales: quince años antes de que la prohibición comenzara a regir en la Unión Europea.

Hoy se producen tejidos reconstruidos que replican tanto la epidermis como la córnea humana en tres plantas: Lyon (Francia), Shanghái (China) y Río de Janeiro (Brasil). Esta última es el único laboratorio de este tipo en Latinoamérica. Desde ahí no solo se abastecen las pruebas de seguridad de los productos que se consumen en la región: también se comercializa el material biológico con universidades y centros de investigación independientes, para impulsar métodos de ensayo éticos en toda América Latina.

Dónde más se usa

Aunque nació en la industria de la belleza, la piel reconstruida in vitro se volvió una herramienta transversal.

En la industria química y agroquímica permite evaluar la corrosión y la irritación que pueden generar pesticidas, fertilizantes o productos de uso industrial, lo que ayuda a determinar alertas de seguridad y qué equipo de protección hace falta.

En juguetes y útiles escolares se testean tintas, plásticos, adhesivos y pinturas de uso cotidiano, para verificar que no liberen sustancias tóxicas ni causen alergias por contacto con la piel de chicos y chicas.

En el rubro farmacéutico y de insumos médicos se usa para medir la absorción de medicamentos en crema, pomadas y parches transdérmicos, y también para investigar el tratamiento de quemaduras y enfermedades dermatológicas.

El punto de fondo es que el reemplazo de las pruebas en animales dejó de ser una promesa a futuro. La tecnología existe, está validada y se usa a escala industrial. Lo que falta, en países como la Argentina, es el marco regulatorio que la reconozca formalmente.

El trabajo con tejidos y células tiene su propio recorrido en la región: en Rosario, el IBR desarrolló Hypersperm, una técnica para mejorar la fertilización in vitro, y ese mismo instituto abre su laboratorio a referentes públicos y privados con el taller Biolíderes.

Las fichas técnicas de los tejidos reconstruidos y sus protocolos de ensayo se publican en el sitio oficial de Episkin. Más cobertura en Ciencia.

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