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Ciencia

Qué es un organismo modelo y por qué un gusano de un milímetro ayuda a entender enfermedades humanas

En el IBR, de Rosario, el grupo de Cecilia Mansilla usa el gusano Caenorhabditis elegans para estudiar cómo el cuerpo maneja el colesterol y las grasas, procesos ligados al Alzheimer y el Parkinson. Ahora suma un proyecto con financiamiento del CONICET para buscar puntos débiles del parásito que causa el Chagas.

Sebastián Villalba Viña octubre 1, 2026 5 min de lectura
CienciaCIENCIA

En el IBR, de Rosario, el grupo de Cecilia Mansilla usa el gusano Caenorhabditis elegans para estudiar cómo el cuerpo maneja el colesterol y las grasas, procesos ligados al Alzheimer y el Parkinson. Ahora suma un proyecto con financiamiento del CONICET para buscar puntos débiles del parásito que causa el Chagas.

En el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET-UNR), el equipo que dirige Cecilia Mansilla estudia cómo nuestro cuerpo procesa el colesterol y las grasas con un aliado inesperado: Caenorhabditis elegans, un gusano de apenas un milímetro. No se trata de un descubrimiento puntual, sino de varias líneas de trabajo que el grupo sostiene hace años y que el instituto repasó en una nota publicada el 23 de septiembre de 2026.

Para entender por qué un gusano tan chico puede decir algo sobre la salud humana, primero hay que saber qué es un organismo modelo.

Qué es un organismo modelo

Un organismo modelo es una especie fácil de criar en el laboratorio que la ciencia estudia a fondo para entender procesos que comparte con muchos otros seres vivos, entre ellos las personas. Las bacterias, las levaduras, las moscas de la fruta y los ratones son algunos de los más usados. C. elegans, un nematodo, es otro.

Según el IBR, compartimos con este gusano numerosos genes y mecanismos biológicos. Por eso su estudio sirve para explorar procesos relevantes para la biología humana y para hacerse preguntas que las células aisladas en una placa de cultivo no pueden responder. Y tiene una ventaja extra: es transparente. Eso permite observar en tiempo real, y en un animal entero, qué consecuencias tiene una pequeña modificación genética. En sus tejidos y en su sistema nervioso, el metabolismo deja de ser una fórmula química y se vuelve algo que se puede ver.

Los lípidos, más que reserva de energía

Solemos pensar en los lípidos, las grasas, como reservas de energía o como ladrillos de las membranas de las células. El grupo parte de otra idea: estos compuestos también coordinan señales clave para la supervivencia.

Con esa premisa, el equipo investiga tres preguntas:

  • cómo los endocannabinoides controlan el equilibrio del colesterol, es decir, lo que el cuerpo incorpora, guarda y usa;
  • cómo una molécula llamada malonil-CoA regula las ganas de comer;
  • cómo ciertos ácidos grasos protegen, o afectan, al organismo frente a la acumulación de proteínas dañinas.

Según el instituto, estos mecanismos son los mismos que se alteran en enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson y la enfermedad de Niemann-Pick. El colesterol, además, es vital para mantener sanas las neuronas.

El gusano es un buen candidato para estas preguntas por otro motivo: no fabrica su propio colesterol y tiene que obtenerlo de afuera, así que regular cómo lo guarda y lo distribuye es crítico para él. En un trabajo de 2022 del grupo de Diego de Mendoza, con Cecilia Vranych entre sus autores, mostraron que un endocannabinoide activa la vía de la insulina para movilizar el colesterol en C. elegans (PLoS Genetics, 2022).

De la molécula al animal entero

El grupo no trabaja solo. Los estudios con C. elegans empezaron junto a Diego de Mendoza, que introdujo el modelo en el instituto después de una estadía de investigación en Alemania. Más tarde, la biología del gusano se combinó con la resonancia magnética nuclear, con la incorporación del grupo de Andrés Binolfi. Así pueden pasar de una escala a otra: del comportamiento de las moléculas al efecto final en el organismo vivo.

Uno de los resultados de esa colaboración se publicó en 2026: un trabajo con Mansilla, De Mendoza y Binolfi entre sus autores identificó a STARD3, una proteína que transporta el colesterol dentro de las células del gusano y que tiene una estructura parecida a la de su versión humana (Journal of Lipid Research, 2026). Antes, en 2020, Mansilla y su equipo habían propuesto a C. elegans como modelo para estudiar el metabolismo del ácido lipoico, una molécula esencial para varias enzimas (Journal of Biological Chemistry, 2020).

Un premio en México

El trabajo del grupo se presentó en el IV Latin American Worm Meeting, en Mérida, México. Allí mostraron un estudio sobre cómo se comunican distintas vías de señalización con los endocannabinoides para mantener la salud celular. Cecilia Vranych recibió un premio por su presentación.

El próximo paso: el parásito del Chagas

El equipo ahora suma un nuevo financiamiento del CONICET para buscar puntos débiles en protozoos parásitos. El foco está en la lipoilación de proteínas, un proceso que el IBR describe como el «talón de Aquiles» de muchos patógenos.

El proyecto, que Mansilla codirige con Antonio Uttaro, especialista en tripanosomas, busca identificar inhibidores capaces de bloquear esas vías en Trypanosoma cruzi, el parásito que causa la enfermedad de Chagas. Los compuestos que van a evaluar se obtienen de plantas nativas y también por síntesis orgánica.

La línea tiene antecedentes en el propio laboratorio: en 2022, Mansilla y Uttaro mostraron por primera vez que esta vía de lipoilación también existe en parásitos protozoarios y explicaron por qué un compuesto, el ácido 8-bromo-octanoico, frena la lipoilación y el crecimiento de T. cruzi (Molecular Microbiology, 2022).

Aunque parezcan caminos distintos, el estudio del gusano y el de los parásitos se cruzan en lo que el grupo mejor conoce: las vías metabólicas. Y en una idea que el instituto resume así: para entender grandes preguntas de la biología, a veces alcanza con «un modelo de un milímetro».

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