Inversión científica en mínimos históricos: la crisis del CONICET y el modelo productivo argentino
La movilización nacional de investigadores del CONICET este miércoles 12 de agosto expone algo más profundo que un conflicto sectorial. La inversión científica argentina atraviesa un ajuste que compromete la capacidad del país para producir conocimiento propio. Con una caída real cercana al 46% desde 2023, el presupuesto de ciencia y tecnología está en mínimos históricos y obliga a discutir qué modelo productivo elige Argentina para las próximas décadas.
La protesta federal tuvo dos puntos de concentración fuertes. En Rosario, investigadores, becarios y trabajadores del sistema se convocaron a las 14 horas en Córdoba y San Martín. Además, en Buenos Aires la movilización llegó al Obelisco a las 16. Detrás del reclamo laboral aparece una pregunta más amplia: ¿cuánto vale para un país sostener una infraestructura científica que tarda décadas en formarse y semanas en desarmarse?
La inversión científica cayó casi 46% en términos reales desde 2023
Los números que respaldan el reclamo son contundentes. La Función Ciencia y Tecnología del Presupuesto Nacional acumula una caída real del 45,7% respecto de 2023, con un retroceso adicional del 9,2% solo en 2026. Hoy representa alrededor del 0,17% del PBI. En consecuencia, las proyecciones para 2026 la ubican cerca del 0,14%.
Para dimensionar el retroceso, en 2014 la inversión científica llegó al 0,354% del PBI. Sin embargo, el nivel actual está en la zona de 2002, uno de los peores momentos económicos del país. Como resultado, se está desandando más de una década de política científica en apenas dos ejercicios presupuestarios.
Muy por debajo de lo establecido por ley
El punto crítico es que el nivel actual de la inversión científica no solo es bajo en perspectiva histórica: también incumple una ley vigente. La Ley 27.614, sancionada en 2021, fijó una trayectoria creciente para el financiamiento del sistema: 0,45% del PBI en 2025 y 0,52% en 2026.
Por lo tanto, el financiamiento efectivo hoy equivale a aproximadamente un tercio de lo que la ley establece. No es un desvío marginal. En cambio, es una decisión de política pública de no cumplir con una hoja de ruta que había sido consensuada en el Congreso.
Becarios que quedaron afuera
Uno de los efectos concretos del recorte se ve en la carrera de becarios. 374 becas posdoctorales del CONICET no fueron prorrogadas. En consecuencia, investigadores que habían pasado años formándose quedaron sin continuidad en el sistema. En términos económicos, es capital humano altamente calificado que el Estado deja de retener después de haber invertido casi una década en su formación.
Rosario, uno de los polos científicos más importantes del interior
El CCT CONICET Rosario nuclea a 13 institutos y más de 1000 personas entre investigadores, becarios y personal técnico. Su producción cubre biología, salud, genética, química, física, agroindustria, alimentos, ciencias sociales, ingeniería y ciencia de materiales.
Un caso concreto ilustra el punto. Desde Rosario se desarrolló la plataforma argentina de teleoftalmología para detección temprana de retinopatía diabética. Es una tecnología que combina software, algoritmos de análisis de imagen y protocolos médicos. En este sentido, es exactamente el tipo de innovación aplicada que un ecosistema productivo maduro necesita generar en su propio territorio.
El problema de explicar para qué sirve la ciencia
Parte del contexto político del recorte tiene que ver con una dificultad estructural del sistema científico. La distancia entre la investigación básica y su impacto en la vida cotidiana es real. Como resultado, la ciencia aparece como un gasto abstracto antes que como una inversión productiva, sobre todo fuera de la academia.
De investigación básica a tecnología cotidiana
Los tiempos del conocimiento no coinciden con los tiempos del ciclo político. Un desarrollo de investigación básica puede tardar décadas en transformarse en un medicamento, un método diagnóstico o un nuevo material. Además, los ecosistemas tecnológicos más desarrollados del mundo comparten un patrón común: combinaciones estables de Estado, universidades y empresas sostenidas durante generaciones.
En este sentido, cuando cualquiera de esos tres pilares se debilita, se debilita la cadena completa de innovación. Sin embargo, la reconstrucción no es instantánea.
Milei había anticipado su posición
Durante la campaña de 2023, Javier Milei propuso privatizar el CONICET y eliminar el Ministerio de Ciencia. Sin embargo, ninguna de las dos medidas terminó ejecutándose en esos términos. En cambio, la inversión científica cayó sustancialmente por vía presupuestaria. Como resultado, se llegó a un escenario próximo al que se había planteado inicialmente por vía institucional.
¿Todo proyecto científico debe financiarse?
El debate sobre eficiencia y prioridades no es ilegítimo. Además, cualquier sistema científico maduro necesita mecanismos de evaluación, criterios claros de asignación y auditorías periódicas. Sin embargo, el conflicto aparece cuando la reducción presupuestaria deja de discriminar entre proyectos y compromete capacidades generales del sistema: laboratorios que dejan de funcionar, líneas de investigación que se interrumpen, equipos que se disuelven.
Destruir capacidad es más rápido que reconstruirla
Formar un investigador lleva entre 10 y 15 años: licenciatura, doctorado, posdoctorado, inserción en un equipo. Cuando ese investigador emigra —y los datos muestran que muchos ya lo están haciendo— la capacidad no se recupera al año siguiente subiendo el presupuesto. En el mejor caso, se recupera una década después.
Por lo tanto, este es el argumento económico central del reclamo. La asimetría temporal entre destrucción y reconstrucción convierte cada recorte severo en una decisión con consecuencias multi-generacionales.
La discusión que queda: gasto o inversión
Debajo del reclamo salarial y del conflicto por las becas hay una discusión de fondo sobre qué modelo productivo elige Argentina. Un país que compra tecnología importada y otro que produce parte de la tecnología que usa son economías estructuralmente distintas. En consecuencia, tienen distinta capacidad de generar empleo calificado, distinta exposición externa y distintos márgenes.
La crisis de la inversión científica no es solo una pelea sectorial. Es un capítulo del debate más amplio sobre las capacidades que Argentina va a tener disponibles en las próximas décadas —o va a tener que importar, si decide no formarlas. Más análisis sobre ciencia e innovación en MonoLito. La información oficial sobre el organismo puede consultarse en el sitio institucional del CONICET.
