Infira, la biotecnológica santafesina que ganó el “mundial de la innovación” de la ONU
La empresa nacida del ecosistema de la UNL y el CONICET se impuso en los WIPO Global Awards 2026 entre más de 1.300 postulaciones de 120 países. Su cofundadora, Renata Reinheimer, fue distinguida como Mejor Mujer Emprendedora del año.
Una empresa santafesina es, oficialmente, una de las más innovadoras del mundo. Infira, la biotecnológica de base científica nacida en el litoral, ganó uno de los WIPO Global Awards 2026, el premio que la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) —organismo de las Naciones Unidas— entrega a las empresas que mejor usan la innovación para crecer. El anuncio se hizo el 10 de julio en Ginebra.
Infira se impuso tras superar varias etapas de selección: quedó entre los 33 finalistas elegidos de más de 1.300 postulaciones provenientes de más de 120 países. En total, la OMPI premió a once compañías de todo el mundo en esta edición.
La empresa no salió de la nada. Es producto del ecosistema científico y tecnológico santafesino: nació en el entorno de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), el CONICET, el Parque Tecnológico del Litoral y la aceleradora regional. Su desarrollo es una plataforma de biotecnología para cultivos perennes, que busca algo tan ambicioso como concreto: obtener varias cosechas a partir de una única siembra. Una idea con impacto directo en la sustentabilidad y la productividad del agro.
El reconocimiento tuvo un capítulo aparte. La doctora Renata Reinheimer, cofundadora y líder científica de Infira e investigadora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL, CONICET-UNL), fue distinguida como Mejor Mujer Emprendedora 2026 por la OMPI. Un premio a la ciencia y, también, a las mujeres que la conducen.

Argentina tuvo otra representante entre los destacados: Untech, una empresa de base científica tucumana —spin-off de la Universidad Nacional de Tucumán y el CONICET, liderada por el doctor Alberto Ramos— que llegó como finalista global con una formulación terapéutica para tratar heridas crónicas.
El caso de Infira vuelve a poner sobre la mesa una convicción que atraviesa al ecosistema santafesino: cuando la universidad pública, la ciencia y el sector productivo trabajan juntos, el resultado puede competir —y ganar— en cualquier lugar del mundo. No hace falta esperar que el futuro llegue de afuera. A veces, se fabrica en un laboratorio del litoral.
