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AgTech

Una empresa rosarina le puso visión con IA al calado de granos: el sistema elige el punto al azar para sacarle el sesgo al operario

Ingeniería Electrónica Argentina desarrolló un sistema que detecta con cámaras dónde hay grano y dónde hay obstáculos en el camión, y sortea el punto de muestreo. Ya funciona en dos instalaciones, cuesta USD 75.000 y despertó interés en seis países.

Sebastián Villalba Viña julio 30, 2026 4 min de lectura
AgTechAGTECH

Hay un gesto que se repite miles de veces por día en los puertos del Gran Rosario: un operario mira la caja de un camión cargado de granos y decide dónde clavar la sonda. De esa decisión —tomada a ojo, en segundos— sale la muestra que define la calidad de toda la carga, y con ella el precio.

La empresa rosarina Ingeniería Electrónica Argentina (IEA) desarrolló un sistema de visión con inteligencia artificial que le saca esa decisión al operario y se la da a una cámara.

Qué es el calado y por qué importa dónde se clava

El calado es el muestreo del grano: una sonda entra en la carga del camión y extrae una porción que después se analiza para determinar humedad, proteína, impurezas y granos dañados. Ese análisis define la calidad y, por lo tanto, cuánto se paga.

El problema es que de dónde se saca la muestra cambia el resultado. Un camión no es homogéneo: el grano se acomoda distinto según cómo se cargó, y las impurezas tienden a concentrarse en zonas. Si la sonda siempre entra en el mismo lugar, o si el operario —consciente o no— elige zonas más limpias o más sucias, la muestra deja de representar la carga.

Hasta ahora ese punto lo elegía una persona.

Cómo funciona el sistema

El desarrollo de IEA observa la superficie del camión con cámaras y hace dos cosas en secuencia.

Primero, detecta dónde hay grano y dónde hay obstáculos: lonas, travesaños, estructuras mecánicas. Es un problema clásico de visión por computadora, y resolverlo bien evita que la sonda choque contra algo.

Segundo —y acá está lo interesante— elige el punto al azar entre las ubicaciones seguras.

«El primer objetivo es determinar las ubicaciones posibles de calado donde no hay obstáculos. Después el sistema elige esos puntos de forma aleatoria para independizar cualquier decisión o tendencia que pueda tener un operador.»

Sergio Asad, gerente comercial de IEA

Esa aleatoriedad no es un detalle técnico: es el corazón de la propuesta. En estadística, una muestra sirve para inferir sobre el total solo si fue tomada sin sesgo. Si quien elige el punto tiene alguna tendencia —aunque sea inconsciente, aunque sea la costumbre de la mano— la muestra deja de ser representativa. Sacar al humano del sorteo es lo que convierte el calado en una medición confiable.

Décimas de segundo

Una preocupación razonable en logística portuaria: si el sistema piensa, ¿demora la fila?

Según la empresa, el procesamiento de imágenes toma décimas de segundo y no modifica el tiempo total del calado.

«Nosotros no alargamos el proceso. Le damos confiabilidad al muestreo sin sumar demoras. La velocidad sigue dependiendo de la capacidad mecánica del equipo.»

Sergio Asad

Hay además un efecto sobre el trabajo: el operario deja de manipular el equipo manualmente y pasa a supervisar varios caladores a la vez, desde una posición más cómoda y más segura. No lo reemplaza — le cambia el rol de ejecutor a supervisor.

Dos instalaciones andando y seis países mirando

El sistema ya funciona en dos instalaciones: una con un calador hidráulico de fabricación nacional y otra con un equipo eléctrico de origen francés. Que ande sobre hardware de dos orígenes distintos es un dato comercial relevante — significa que se adapta a lo que el cliente ya tiene instalado.

El costo del conjunto ronda los 75.000 dólares, y despertó interés en Brasil, Uruguay, Francia, Croacia, Inglaterra y Estados Unidos.

«Es un desarrollo de alto valor agregado argentino y creemos que hoy no existe otra tecnología con este nivel de precisión.»

Sergio Asad

Vale tomar el superlativo por lo que es —una afirmación de la empresa que lo vende, sin comparación independiente publicada—. Lo verificable es lo otro: el producto existe, está funcionando y tiene precio.

Casi cincuenta años en zona oeste

IEA no es una startup. Fue fundada en Rosario hace casi cinco décadas y desarrolla ingeniería, automatización industrial y software para agroindustria, alimentos, siderurgia, petróleo y gas, energía y automotriz. Tiene su sede central en la zona oeste de la ciudad y presencia en Uruguay, Brasil, Paraguay y España.

Y ahí está el dato que vale la pena subrayar. Este no es un caso de tecnología importada aplicada al agro local: es una empresa rosarina de medio siglo que reorientó su expertise en automatización industrial hacia la inteligencia artificial y ahora exporta el resultado. El Gran Rosario mueve buena parte de la exportación agroindustrial del país; que la tecnología que la mide también se fabrique acá es exactamente el tipo de valor agregado que suele quedarse afuera.

Foto: Punto Biz.