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Ciencia

Hongos que se comen las colillas: la técnica con la que la UNR y el CONICET desactivan un veneno cotidiano

Un equipo rosarino usa micorremediación para que hongos degraden las colillas de cigarrillo y sus tóxicos. El piopino, un hongo comestible, se comió los filtros sin ayuda. Ya están en pruebas piloto.

Redacción MonoLito julio 22, 2026 3 min de lectura
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Una colilla parece inofensiva, pero cada filtro es una esponja de sustancias tóxicas: en contacto con el agua puede contaminar hasta 50 litros. Y el volumen es brutal: de los 5,6 billones de cigarrillos que se consumen por año en el mundo, unos 4,5 billones terminan tirados en el ambiente. Un equipo de la UNR y el CONICET en Rosario encontró una forma de desactivar ese veneno usando hongos.

La técnica se llama micorremediación: un proceso biotecnológico que aprovecha la capacidad de los hongos para desarmar compuestos químicos complejos y convertirlos en sustancias inofensivas. Dicho fácil: para casi cualquier ser vivo la colilla es un tóxico; para estos hongos, es comida.

De colilleros colapsados a laboratorio

El proyecto nació de un problema concreto y urbano. La Secretaría de Ambiente y la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR notaron que los colilleros del predio estaban colapsados, y las salidas habituales no servían: incinerar libera gases tóxicos y enterrar solo pasa el problema al suelo.

Ahí entró la cátedra de Micología. El equipo lo integran el doctor en Ciencias Químicas Maximiliano Sortino, la doctora en Ciencias Biológicas Melina Di Liberto y la doctora en Ciencias Químicas Estefanía Butassi, investigadores de Micología y Farmacognosia que venían buscando fármacos antifúngicos y decidieron aplicar ese saber al proceso inverso: usar el hongo para limpiar.

El objetivo es que los hongos usen las colillas como sustrato. En ese proceso de alimentación degradan la nicotina y los hidrocarburos aromáticos policíclicos, que son los principales cancerígenos retenidos en el filtro.

Maximiliano Sortino, doctor en Ciencias Químicas (UNR-CONICET)

El hito: un hongo comestible que se come el filtro

El equipo probó cinco especies a microescala y el resultado sorprendió: los hongos crecieron alimentándose exclusivamente de colillas, sin sustratos externos ni medios de cultivo caros. Eso es clave para que el proyecto sea viable económicamente.

Entre los protagonistas apareció el piopino, un hongo comestible que mostró gran avidez por los filtros. Al tratarse de especies no venenosas y en algunos casos medicinales, el riesgo de manipularlas es bajo.

La meta: una planta de tratamiento y economía circular

Hoy están en pruebas piloto, el salto más difícil, del laboratorio a la escala real. Di Liberto advierte que recolectar es solo el primer paso: si las colillas quedan amontonadas en galpones, el olor y la concentración de tóxicos se vuelven un problema de salud. Por eso planean ensayos de fitotoxicidad para garantizar que el residuo final sea inocuo y apto para disponer en suelo.

La aspiración es transferir el protocolo a la Municipalidad de Rosario y a otras localidades para montar una planta de tratamiento: convertir un desecho masivo en un caso de economía circular.

La ciencia del ingenio

Hay una segunda historia detrás, que el equipo no esconde: hacer ciencia en la Argentina de hoy. “Es mucha vocación. Es remar, remar y remar con muchos problemas”, resume Sortino. Reactivos importados y dolarizados, instrumental que se cuida como un tesoro, vidrios y plásticos que se lavan y reutilizan para estirar cada peso del financiamiento de la Universidad. El mismo espíritu ecológico del proyecto, aplicado al propio laboratorio.

Fuente: UNR.