Cincuenta millones de años de ballenas: un estudio argentino cambia cómo se mide la biodiversidad
El CENPAT y el Museo de La Plata analizaron 127 especies en Nature Communications. Perder especies no siempre significa perder funciones en el ecosistema.
Hace veinte millones de años los cachalotes eran cazadores activos, depredadores tope equivalentes a las orcas de hoy. El cachalote actual se alimenta de calamares en la profundidad, por succión. Es el mismo linaje haciendo dos cosas distintas, y ese tipo de cambio es lo que un equipo argentino se propuso medir a lo largo de cincuenta millones de años.
El trabajo se publicó el 27 de julio en Nature Communications con el título «Cetacean evolution through the lens of ecospace modeling and disparity analyses».
Quiénes lo hicieron
Lo firman Mónica Buono, Mariana Viglino, Maximiliano Gaetán y Nicolás Farroni, del IPGP (CONICET); Viviana Milano, del CESIMAR (CONICET); y Florencia Paolucci, Lisandro Campos y Marta Fernández, del Museo de La Plata (UNLP). La base del equipo está en el CENPAT, en Puerto Madryn.
Qué midieron
La mayoría de los estudios de evolución cuenta especies. Este contó otra cosa: funciones.
Sobre una base de 127 taxones, vivos y extintos, evaluaron tamaño corporal, dieta, capacidades auditivas, locomoción y preferencias de hábitat. Con esas variables construyeron lo que llaman un ecoespacio: un mapa de los roles ecológicos posibles, donde cada especie ocupa una posición según lo que hace, no según con quién está emparentada.
Eso permite preguntar algo que el conteo de especies no responde. Cuando desaparecen especies, ¿desaparecen también maneras de vivir en el océano?
El hallazgo
No necesariamente. El resultado central es un desacople entre diversidad taxonómica y disparidad ecológica.
Durante el Mioceno hubo gran variedad de especies pero una disparidad ecológica relativamente baja: muchas especies haciendo cosas parecidas. Y durante el Plio-Pleistoceno desaparecieron numerosas especies sin que se alteraran los roles que cumplían en el ecosistema.
Contar especies, entonces, mide mal la salud de un sistema. Se pueden perder muchas sin perder funciones, y se puede perder una función crítica sin que el número se mueva demasiado.
Barbas y ecolocalización
El otro resultado es sobre las dos grandes innovaciones del grupo: las barbas, que permitieron filtrar presas diminutas en volumen, y la ecolocalización, que permitió cazar en oscuridad total.
Según el estudio, una vez establecidas se estabilizaron evolutivamente. Dejaron de explorar variantes y se sostuvieron casi sin cambios a través de eventos de extinción. Son soluciones tan buenas que el linaje dejó de buscar otras.
Por qué importa hoy
La distinción entre contar especies y medir funciones no es un tecnicismo de paleontología. Es exactamente el problema de cualquier política de conservación que se evalúa por listados: se puede sostener el número y estar perdiendo lo que el sistema hace.
Es ciencia argentina en una de las revistas más importantes del mundo, sobre una pregunta que se responde con fósiles y sirve para decisiones actuales.
Fuente: CONICET / CENPAT. Buono y col., «Cetacean evolution through the lens of ecospace modeling and disparity analyses», Nature Communications, 27 de julio de 2026. DOI 10.1038/s41467-026-73108-x
